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Depresión y Sexualidad

La depresión, pareja y deseo: lo que casi nunca se habla

 

 

El día de hoy hablaremos de una enfermedad bastante común y de cómo se relaciona o cómo puede afectar a la sexualidad.

 

Cuando se padece depresión surgen síntomas como tristeza, apatía, falta de energía, pérdida o aumento de peso. También pueden presentarse dificultades para la concentración, lo cual disminuye la productividad laboral. Asimismo, pueden existir trastornos del sueño, como insomnio o dormir en exceso, dificultad para tomar decisiones y un desinterés general por actividades que anteriormente resultaban gratificantes.

 

Por lo tanto, la sexualidad puede no ser la excepción. Sin embargo, esto dependerá de muchos factores, ya que una sexualidad satisfactoria sigue retroalimentando el organismo con hormonas que ayudan a combatir la depresión.

 

No obstante, algo que caracteriza a la depresión es la incapacidad de disfrutar. Cuando hablamos de placer, ahí es donde puede verse afectada la función sexual. Al no sentir placer, el deseo disminuye e incluso puede desaparecer. Esto no es únicamente un tema mental, ya que existen sustancias químicas que funcionan como neurotransmisores y que, en estos trastornos, se encuentran alteradas, inhibiendo el deseo sexual.

 

Indudablemente, la depresión es una enfermedad que debe ser tratada, principalmente con psicoterapia. Sin embargo, en los casos en los que se requiere medicación, aparece una complicación adicional, ya que hay fármacos que afectan la vida sexual. Todo dependerá del tipo de medicamento, ya que existen diferentes alternativas en el mercado.

 

Lo que está claro es que los antidepresivos denominados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina suelen frenar el impulso sexual. Con el paso de los días pueden aparecer dificultades como retraso en el orgasmo o ausencia del mismo, tanto en hombres como en mujeres. En el caso de las mujeres, también puede presentarse resequedad vaginal. Existen otros fármacos que actúan incrementando la dopamina y/o la noradrenalina, así como medicamentos con mecanismos de acción distintos.

 

Por ello, se recomienda preservar y estimular la sexualidad en personas con depresión. Como mencionaba al inicio del post, el buen sexo contribuye a generar hormonas de bienestar. Resulta fundamental la terapia de pareja y el asesoramiento sexológico, ya que habrá situaciones que comprender y gestionar en pareja, aunque no estén directamente relacionadas con la sexualidad, sino con la forma de vincularse durante esta etapa.

 

La depresión es una enfermedad que requiere empatía, comprensión y apoyo, ya que la otra parte de la pareja también sufre de alguna forma sus efectos. Vive, a modo de rebote, los síntomas de quien la padece, además del duelo de sentir que ha perdido, temporalmente, a su compañero o compañera. Los trastornos en la vida sexual pueden convertirse en un problema importante para ambas partes y, si no se gestionan adecuadamente, terminar afectando seriamente a la relación.

 

Sería de vital importancia que el personal sanitario que trate a un paciente con depresión lo derivara también a sexología. Está demostrado que muchos pacientes, al comenzar la medicación y experimentar un empeoramiento de su vida sexual, abandonan el tratamiento. Esto puede resultar contraproducente, ya que cuando no se aborda la sexualidad, un alto porcentaje de pacientes deja el tratamiento antidepresivo antes de los seis meses, llegando hasta un 75 % de deserción, principalmente por el impacto en su vida sexual y el riesgo que esto supone para la relación de pareja.

 

Cada caso debe valorarse de manera individual. Existen distintas alternativas para mejorar el bienestar de ambas partes: jugar con condiciones ambientales, explorar eróticas alternativas que aporten novedad y entusiasmo, o bien permitir pausas sin presión. En muchos casos es necesario priorizar el contacto afectivo, las muestras de cariño y el vínculo, sin que todo vaya dirigido al coito. Para ello, el acompañamiento profesional resulta clave mientras la psicoterapia y/o la medicación surten efecto y la persona recupera su equilibrio.

 

En el caso de personas que se encuentran dentro del estilo de vida swinger, es importante ser cautelosos. Como siempre, no se puede generalizar y cada situación tendrá sus particularidades. Sin embargo, si la relación de pareja no se encuentra estable, si los estados de ánimo son fluctuantes y no existe interés real por el lifestyle, puede ocurrir que una de las partes busque una vía de escape o desahogo. En estos casos, será necesario revisar acuerdos y valorar una pausa, lo cual suele ser la opción más saludable hasta que la persona afectada se recupere y la situación no genere mayor impacto en la relación.

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